Mientras me encontraba disfrutando de mi habitual baño de leche de burra con el cual purifico mi cuerpecito de las moléculas de mugre que ustedes; estimados mortales, dejan flotando en la atmósfera, sonó el teléfono. Como toda la servidumbre se había retirado al ala oeste de la casa a descansar, no me quedó más que salir de la lujosa tina envuelta en mi toalla favorita, elaborada amorosamente por las manos de 500 niños vietnamitas ciegos.
Era Ripper. Tan amoroso él, tan atento y tan detallista, no dijo nada. Nada más alcancé a oír un estruendo parecido al despegue de un avión. ¡¡Ah, claro!! El concierto de Maiden, al cual no pude asistir por no calificar como fan oficial... todo por saberme nada más una canción y reconocer otras tres a puro silbidito. Creo (CREO) que se trataba de mi favorita, y si no era, pues igual voy a pegar la canción porque éste es MI espacio y ya me harté de jugar poker en línea y perder cantidades equivalentes a la deuda externa.
Vean nada más que cositas tan deliciosas nos volvían locas en aquellos años. En realidad no puedo presumir de nada, pues mis gustos son tan eclécticos que igual me gustan las canciones de Chabelo que las de Marilyn Manson. Ya les platicaré.
Y ya. Fin. Pónganse a trabajar.
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