sábado, 29 de octubre de 2011

Hijos del Maíz

Lo malo de ir por la vida escuchando la radio (LA radio, niños...no el radio),  es que uno se arriesga a que su adorado tormento incube algún tipo de idea macabra disfrazada de diversión. Así fue como a Ripper se le ocurrió comentarme, inocentemente:

- Oye, Reina del Castillo, Diosa del Universo...
- ¿Qué quieres, goei?
- Escuché que hay un lugar llamado Maízlandia, y que es un laberinto, y yo creo que podemos darnos una vuelta, ¿no?
- ...

NO.

A mi mente acudieron miles de escenas de películas de misterio y terror, donde corres por los malditos maizales mientras te persigue el asesino de la sierra eléctrica, o un energúmeno con machete, o algún asesor de Felipe Calderón. NO.  Pero la verdad, es que en mi reino las decisiones las toman mis bufones  adorados y bien portados hijos, así que... ni hablar. Me dirigí a mis aposentos, a cambiar mis reales ropajes por algo más común. Mientras ordenaba a mis doncellas que me trajeran lo más sencillito de mi Colección Chanel, una horrible idea  cruzó por mi mente:

  "¿Y si se me pierden los chamacos? No es como que yo pueda hacer hermosos bebés a cada rato, y los que tengo nos salieron bastante caros. ¿Si se pierden, cómo los encuentro? ¡¡Ya sé!! Había un concurso con Chabelo en los que las mamás tenían que reconocer las patitas flacas y cenizas de sus retoños. Si los visto con shorts, y se me llegaran a perder, me asomo por debajo de los maicitos a ver si les veo las patitas, y como son hijos de una Diosa como yo y un súper Rockstar como Ripper, sus patitas brillarán como el oro, los encuentro en chinga rapidísimo,  me los llevo de las orejas y ya'stá." 

¡¡N'ombre es que yo, aparte de todo soy genial!!

Y así, iniciamos nuestro audaz recorrido, con un mapa que no decía nada, pero convencidos de salir victoriosos. Yo soy una aguerrida amazona, como ya les había mencionado, así que me ofrecí a llevar al rebaño a los demás. Pero a la hora de la verdad, mandamos al engendro menor por delante por la sencilla razón de que es al que menos íbamos a  extrañar en caso de que se perdiera, pues ha vivido apenas 8 años con nosotros (risas grabadas).

 (Favor de ignorar la súplica: "¿Puedes ir más despacio?" No soy yo cuando me insolo)

Dos horas más tarde...



Al cabo de 4 horas, decidimos aniquilar cambiar a nuestro guía. Pero nuestro engendro mayor tampoco se pudo orientar, ni siquiera con la celestial música de banjos.



La Divina Providencia nos envió un salvador, con el cual nos topamos en uno de los cruces y nos llevó al amparo de una gran carpa donde ordenamos el más fino champagne y matamos un cordero de Dios que quita el pecado del mundo para celebrar el haber salido vivos. Nunca más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En vista de que publicaste esto el sábado y debido a nuestra apretada agenda panamericana (si, ajá) hasta hoy lo veo, pero doy gracias a que nos salvamos de ir a perdernos al maizal, por que con lo orientados que son en la familia, júralo que todavía seguiríamos ahí jajajaja.