Cuando vamos en el auto, se deja escuchar el variado gusto musical de Ripper, que no son precisamente canciones de Tatiana ni de High School Musical. Y mientras el auto increíble (aka El Rayito McQueen) se aleja veloz hacia el horizonte, del asiento de atrás se deja escuchar una infantil vocecita que canta a todo pulmón...
Amo al matón... ¡¡Matarile al maricón!!
¿y qué quiere éste hijo de puta?
¡¡quiere llorar, quiere llorar!!
Putooo, el que no brinque, el que no salte...
Putoooo....
¡¡Puto, puto!!
Eso, señoras y señores, es educación de calidad. Y enfrentarlos a la vida para que no se den un frentazo. Y un paro cardíaco si lo escuchan los mayores. Tengo pensado secuestrar ése iPod e iniciar terapia de intervención. Pero lo más a la mano que tengo es Costel y Lagrimita. ¿Qué hago?
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